La primera maratón es muy especial, los nervios te invaden ante una experiencia nueva sin saber muy bien lo que te espera. Y las siguientes, cada una es única, y los nervios siguen ahí, porque ya sabes lo que se te avecina
Pero lo mejor es el día después de la maratón, cuando tu mandíbula duele más de la felicidad que el dolor de cada músculo de tu cuerpo.