Se trata de una olla de barro poroso (no esmaltado, vaya) que se calienta en el horno. Una vez lista, se mete el pan dentro (con cuidado de no quemarte) y se tapa. Al tener la tapa hace que la humedad se quede dentro y el pan crezca a su antojo en un ambiente bien húmedo; y encima crea una corteza muy buena.


Pasados los primeros minutos de la cocción, cuando el pan ya ha alcanzado su volumen máximo, se quita la tapa y se deja que se acabe de hacer, el pan coge color enseguida, y los tonos son bastante flipantes (es lo más parecido a usar un horno de piedra.
Es una alternativa baratísima y fácil a la piedra de hornear (yo creo que ofrece incluso mejores resultados), las pegas son:
- A menos que tengas un horno muy grande, sólo te cabe un pan.
- El pan tiene que ser de la forma y tamaño de la cazuela (o menor, vaya).
Pero vamos, que si te gusta el pan con buena corteza y aspecto rústico, a lo loco a por una Römertopf y a disfrutar. Combinada con un buen prefermento o masa madre natural, las cortezas y aromas pueden ser de campeonato. Una cosa importante es dejar que el pan se acabe de hacer bien para que se seque (ya que ha estado metido en la olla durante la cocción), así que una idea es dejarlo en el horno apagado 5-10 minutos para que se acabe de secar.
Otro día hago una fotito mejor a la corteza.
*El pan de la imagen está hecho con 200 g de madre de centeno (100 g de agua y 100 de harina integral de centeno), 500 g de harina de fuerza y unos 315-320 g de agua.
