O sea que ha quedado un extraño híbrido que no se sabe muy bien qué es. No es que estén malos o duros, no. Se comen bien pero no es lo proyectado. Y el éxito se mide no sólo por lo que consigues sino por lo que consigues en relación a lo que pretendías conseguir. Además muy pequeños, para comerme un falafel me lo tuve que repartir entre dos.
Bueno, otra vez será.