¡Desesperada! y sólo es 2 de enero ... Aún me quedan 72 horas para seguirlo intentando antes de que acabe la temporada oficial del Roscón.
En fin, lo del roscón es una aventura genial: pedazo de reto. Creo que nunca en mis años de panadería-repostería casera me había topado con algo más complicado.
Este año estamos comiendo más roscones que días hay en Navidad ... pero me he prometido a mí misma conseguirlo. Vaya por delante, como demuestra lo que acabo de escribir, que todos los intentos han resultado comestibles. Eso sí, pero hermosos, tiernos y jugosos, con forma reconocible o con una altura suficiente... todavía no!
Unas veces la masa ha sido muy líquida (llegué al 80% de hidratación con amasado a mano y aquello era una papilla sobre mi encimera), otras veces y con un 73% de hidratación el resultado final era seco (¿mucho horno=mucha temperatura? ¿mucho tiempo de leudado/horneado?).
Pero no cejo en el empeño y entretanto vamos mojando en colacao los intentos, ja, ja, ja.
Eso sí, la fruta confitada para el roscón is "made at home, of course". Es el tercer año que preparo
cortezas de naranja confitadas: son un regalo habitual a mis tíos, padres y amigos... Siempre muy apreciado, por cierto. Es un capricho tener una cajita llena de estas cortezas en el curro, para los momentos de bajón de los primeros días de enero. Te tomas una, y la Navidad vuelve a tu mente, con sus dulces momentos (incluidos los de manos pegajosas "domando" al roscón). En mi blog teneis el detalle.
Feliz y horneado 2011 a todos!